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domingo, 20 de noviembre de 2016

Interpretaciones culturales - Thelma & Louise

El viaje de una vida 


Se acercan las «vacaciones» de Navidad y como cada año suelo hacer ― o al menos lo intento― pienso en las películas o libros que me gustaría leer en esos días. Para este año aún no tengo nada, pero echando la vista atrás recuerdo algunas obras que han marcado época durante el período navideño. En especial recuerdo una que me causó gran impresión, no solo por la honestidad que transmiten las protagonistas, sino también por la carga de realismo y sinceridad que, con el paso de los años, ha convertido esta película en un espejo al que me asomo de vez en cuando para encontrar respuestas. Viajo unos cuantos años atrás, a la noche de fin de año de 2010, cuando después de despedir el año y demás parafernalia me entró la imperiosa necesidad de ver cine ―uno de los propósitos para el nuevo año de mi entonces corta experiencia cinéfila. Había escuchado hablar de Thelma & Louise, de la historia de dos mujeres alocadas que se «echaban a la carretera» en busca de aventuras… Nada más lejos de la realidad: cuanto más se alejaban de la escena del crimen, más se alejaba de mí esa idea preconcebida. Sin duda, lo que con más cariño recuerdo es la sensación de que estaba viajando con ellas a bordo del Thunderbird. Y no suponía un viaje cualquiera…


Campos Ubérrimos, Interpretaciones culturales, Thelma & Louise


Como si de un viaje de iniciación se tratara, en el film se mostraban todos los elementos para perderse y encontrarse durante un buen rato… o quizá durante toda la vida. Pasaban las escenas y sentía cada vez con más fuerza que no quería que terminara aquella vuelta, aquel sinfín de carreteras desiertas, hermosos atardeceres, buena música de fondo… y la huida sin retorno de dos mujeres sedientas de libertad.  

En aquella primera lectura de la película sentí la frescura que irradiaban estas dos mujeres, aquello que las humanizaba y ennoblecía más allá de la pantalla. 

Es en este punto en el que empaticé ―y empatizo―con estas dos «colegas». Por aquel entonces me identificaba más con Thelma, con su inocencia e ingenuidad ante los imprevistos que van surgiendo. Hoy día, tras 6 años desde el primer visionado, me acerco más a Louise, más despierta y experimentada. Es otra de las razones que considero que engrandecen esta película: el cambio de perspectiva con respecto a los personajes a través de la experiencia. Lo que comienza como un simple viaje de desconexión y de huida de la rutina se acaba convirtiendo en una experiencia enriquecedora para ambas: el comienzo de una nueva vida.   


Campos Ubérrimos, Interpretaciones culturales, Thelma & Louise


Como en la canción de Glenn Frey ―que podemos escuchar a lo largo de la película― Part of Me, Part of You: «Darling, there is something I must tell you / A distant voice is calling me away…» Hay algo que incita a las protagonistas a la ruptura y al cambio, a pisar el acelerador sin mirar atrás. Y esto se origina en gran parte, cómo no, a través de la desgracia. Es mediante el infortunio cómo ambas se van curtiendo. Es mediante la desconexión con la vida anterior cómo ambas se van descubriendo y encontrando.



En esta escena se refleja el cambio que sufre Thelma: «Something’s crossed over in me and I can’t go back». No hay marcha atrás, no puede volver a la vida de antes. Más decidida y segura, elige vivir la experiencia, disfrutar del viaje y alejarse del estrecho círculo de rutina y monotonía en el que estaba sumida. Es al romper con la forma de vida anterior cuando realmente puede escucharse a sí misma, crecer y escoger con quien verdaderamente quiere y merece estar. Por su parte, interpreto que Louise vive su «segunda ruptura» tras la experiencia traumática que vivió años atrás. A lo largo de este «gran viaje», Louise brinda apoyo y protección incondicional a su amiga, siendo una la mejor compañía para la otra.





En la escena podemos ver a Louise en un momento de retiro. En el silencio de la noche contempla el cielo estrellado, que oscurece en su mayor parte las enormes paredes del Gran Cañón. Poco a poco el cielo se va abriendo en la lejanía, dejando paso a la luz que desprende el amanecer. Louise permanece en silencio mientras Thelma se acerca sigilosamente: «What’s going on?» pregunta, a lo que responde con un simple «Nothing». Por estas palabras, interpreto que no va a pasar «nada», nada que pueda entorpecer el camino que desean seguir.   

Amigas, compañeras, confidentes… comparten momentos de intimidad en los que cada una respeta su individualidad. Al volante del Thunderbird, la carretera les brinda la oportunidad de la huida y el reencuentro consigo mismas. No hay un destino prefijado en el horizonte, tan sólo el deseo de bordear la frontera del engaño, el fraude y la traición para conquistar su propio espacio.


Como reflexión final, hago referencia a la metáfora de «conquistar su propio espacio» para terminar. ¿Qué es lo que en esencia conquistan estas dos mujeres? Más allá de la calidad del film y del contexto en que se desarrolla su historia, es sin duda la naturaleza de esta relación la más fiel muestra de amor y respeto entre dos personas que escogen vivir en libertad como único propósito vital. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Interpretaciones culturales: La propera pell (La próxima piel)


Suspense extremo con La propera pell (La próxima piel)


Por Lluvia de Segovia


           Hace una semana, fui al cine y como no quedaban entradas de la película que había pensado ver, mi amiga y yo acabamos en la sala donde se proyectaba
La propera pell (La próxima piel). Salimos súper confundidas y, desde entonces, no hago más que seguir dándole vueltas a la película. La sensación de suspense que crea es increíble, desde el principio, tan misterioso, hasta el final… Esta historia se cuenta de forma que no puedas dejar de hacerse preguntas, porque piensas que va a pasar algo y luego resulta que pasa algo completamente diferente. ¿Cómo es posible que estos personajes y su historia sean tan difíciles de interpretar y tan fascinantes?

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El frío y la nieve envuelven junto con una música gélida y misteriosa la llegada del adolescente a un pueblo perdido en los Pirineos. Han ido a recogerle su supuesta madre, Ana, y su tío Enric. Michel trabaja en el centro de menores en Francia, donde ha ido a parar el chico que, según Michel, sufre de amnesia disociativa debido a algún trauma del pasado. Parece que encaja con la descripción del hijo de Ana, que desapareció hace ocho años. Se espera que el protagonista (Gabriel o Leo) reconozca a su madre, y Michel no revelará sus antecedentes penales a la familia, para que se pueda asegurar su reintegración social. Se le presenta de un modo amenazante. Parece una bestia enjaulada, con movimientos salvajes, peligroso y hosco. Así, el primer momento de tensión sacude al espectador cuando Ana y el chico se ven y se abrazan. La cámara nos permite observar sus caras muy de cerca, pero ¿qué indican sus emociones? ¿Se han reconocido mutuamente? Seguimos sin saber la verdad. Durante muchas escenas, mi amiga y yo, como muchos otros espectadores, nos mirábamos y nos preguntamos «¿y esto…?», y susurramos la pregunta candente: «¿Tú crees que es él, su hijo?».

Como explican los directores Isaki Lacuesta e Isa Campo, este es un proyecto que maduró con el tiempo. Pasaron muchos años desde que le propusieron a Emma Suárez el papel de Ana, la madre, también hasta que Álex Monner creció para poder encarnar al protagonista, Gabriel/Leo. Tanto el guión como los actores hacen un trabajo impresionante. Los directores cuentan que quisieron desarrollar la historia con una doble perspectiva, construyendo entre los dos las distintas miradas de la madre y del hijo. Se nota que han elegido cada detalle con precisión. En el primer plano vemos agua deslizándose por detrás de una estalactita de hielo, y esta imagen del deshielo representa la visión de qué está pasando detrás de la capa superficial, explica Isaki Lacuesta. Así, a lo largo de toda la película hay que desentrañar lo que se esconde detrás del rostro de los personajes.

El suspense se intensifica por la sensación de estar tan cerca de los protagonistas. La clave de la fuerza de esta película está en la forma de llevar esta historia al espectador. Como sugiere el título, el protagonista se dispone a cambiar de piel. ¿Qué significa esto? La cámara nos acerca a la piel de los personajes de muchas maneras: En primer lugar, está el primer contacto entre dos personas que podrían ser madre e hijo. Lo que habría de ser familiar y cercano no lo puede ser fácilmente porque sobre ellos cae la sombra de la duda: ¿Son realmente quienes quieren ser? Cuando observamos el rostro de Gabriel/Leo y el de Ana, seguimos preguntándonos qué hay debajo de esa piel. Su identidad, sus pensamientos… Todo es un misterio. Cuando Michel escudriña la mirada del protagonista al preguntarle cómo está ―y éste responde que todo va bien― sabemos que no es cierto, pero tampoco sabemos qué es lo que realmente pasa por su cabeza. «El personaje tenía tres constantes, que eran: seducción, manipulación y fragilidad», explica Álex Monner en una entrevista. El actor describe las distintas facetas que muestra su personaje con la gente, porque el chaval no es el mismo cuando habla con Michel, con sus amigos o con su madre. Gabriel escoge qué enseñar de sí mismo en cada situación, y a menudo parece a punto de huir, más que de integrarse en el pequeño pueblo rodeado de montañas.

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En segundo lugar, está la imagen del padre a la que se ha de enfrentar el protagonista. Cuando ven vídeos en los que éste aparece junto a la madre y al niño del pasado, las imágenes están borrosas y vemos cómo Gabriel/Leo lo observa intensamente. Descubrirá lo que le ocultan acerca de su pasado, pero ha de salir en busca de la verdad y exigir a los que le rodean que le cuenten la verdad; ha de ir al lugar donde desapareció, en la montaña. «¿Por qué me has mentido?», Gabriel exige que le cuenten la verdad. En esas escenas, la nieve lo cubre todo, pero el frío no es obstáculo para la fuerte voluntad del protagonista. Además, en esa búsqueda el protagonista se apoya en la compañía de su primo y amigo, interpretado por Igor Szpakowski, que no duda en preguntarle «¿De verdad te acuerdas de mí?». Con él no ha de fingir. Finalmente, esto les lleva a acercarse íntimamente de forma inesperada. En esa desnudez, y en las huellas que el pasado ha dejado sobre la piel, se libra la lucha de asumir la nueva identidad.

Finalmente, está la imagen de los cortes que Gabriel/Leo se hace en su propia piel. Como siempre desprende un aire amenazante, sorprende vislumbrar su fragilidad. Cuando tememos que vaya a hacer daño a otros somos testigos de lo que le atemoriza y de su automutilación. Sus heridas del pasado le atormentan. «Este chaval, antes de llegar a este pueblo, no sabía lo que era la tranquilidad de querer y ser querido», comenta Álex. Así es, hay una gran inquietud evidente en los movimientos nerviosos y desesperados del protagonista. El espectador sufre con él cuando no puede contener la ira y siente que pierde el control. Envolviendo estas escenas, la música desconcierta, porque a veces suenan unos golpes metálicos que estremecen y parecen indicar la llegada de una desgracia, un golpe violento… Pero en vez de eso resulta que sucede algo muy distinto que toma por sorpresa al espectador, y la música toma otro rumbo, creando así un ritmo acorde con las preguntas que surgen acerca de las intenciones de los personajes.


            No podemos evitar sentir sospecha, pero estremece ver cómo Ana y Gabriel se van acercando, creando una relación de la nada. Finalmente, lo que está claro es que el chico, sea el hijo de Ana o no, tiene heridas que necesitan ser curadas. Hay una escena entrañable en la que ella cura las heridas que él se ha hecho. En los ojos de ambos se refleja el gran alivio que sienten al poder hacer esto. Necesitan quererse, y así se crea una reflexión acerca del amor que va más allá de los vínculos de sangre. Porque, ¿quién decide si se pueden querer o no dos personas como si fueran madre e hijo? En la crucial escena del baile aumenta la tensión, cuando están observando todos, parece que algo terrible está a punto de ocurrir. Pero ante los ojos que juzgan, madre e hijo solo tienen ojos el uno para el otro y él pregunta a Ana «¿Me quieres?». Sus ojos delatan el brillo de la esperanza. Emma Suárez dice que la madre y el hijo «se eligen», y esto es porque ambos desean comenzar una nueva vida, dejando atrás la piel del pasado. Es por todo esto que el espectador ―al sentirse implicado con los personajes― por haber tenido la oportunidad de preguntarse qué pasa por sus cabezas, ya no se puede deshacer de ellos. Participamos en la experiencia de apropiarnos de una piel ajena que puede acabar siendo nuestra próxima piel. 



domingo, 31 de julio de 2016

Interpretaciones culturales: Sideways


Caminos paralelos... Entre copas



Interpretaciones Culturales, Sideways, Entre copas



Siguiendo con el estilo propuesto en la entrada anterior, comenzamos con Sideways (Entre copas). Complicada de definir, muchos espectadores la interpretan como una comedia agridulce, otros como una road movie y algunos ―entre los que me incluyo― como un drama con toques de humor. En cualquier caso, considero que se trata de una película híbrida, difícil de catalogar por la mezcla de géneros y sensaciones que provoca, además de la aparición de personajes entrañables y empáticos a los que me gustaría conocer más allá de la pantalla. 

Dedico esta infografía introductoria, o más bien ilustración, a presentar dos elementos esenciales en esta pequeña joya del cine indie: el viaje y el vino. Nada extraordinario sucede, tan solo el vagar de dos viejos amigos dando tumbos por los viñedos de California. 

A priori, nos encontramos con una historia sencilla: dos tipos de mediana edad se embarcan en un viaje de huida y desconexión de la rutina por la ruta del vino. Sin mayor propósito que disfrutar de unos días de descanso, nos llevan de bodega en bodega charlando y bebiendo. Entre copa y copa   ―y tras una serie de conversaciones genuinas― vamos descubriendo detalles que reflejan la naturaleza de los personajes: sensible y reflexiva, por un lado, e instintiva y descarada, por otro. Poco a poco vamos intimando con ellos, conociendo sus debilidades y miserias, compartiendo experiencias cotidianas. En este sentido, nos encontramos con una propuesta en proceso de maduración, como el buen vino.

Lejos de casa y ante una rutina poco motivadora, viajamos con Miles y Jack: dos caracteres opuestos pero entrañables que buscan una oportunidad de distracción que despierte viejas sensaciones: pequeños placeres cotidianos como bálsamo para la insatisfacción personal. El primero, introvertido e introspectivo, trata de ahogar las penas al calor de un buen pinot. El segundo, extrovertido y atrevido, quiere aprovechar al máximo sus últimos días de libertad antes de casarse. Sea del estilo que sea ― Chardonnay, Syrah o Merlot de medio pelo ― trata de absorber hasta la última gota el amargo elixir de una juventud que se aleja cada vez más… 

El viaje promete.

Con estas líneas como guía introductoria, se abre la opción para el que desee formar parte de este periplo vinícola.

Aquí termina el recorrido, por el momento. Hago un alto en el camino para degustar otros vinos. Mientras tanto, aprovecharé para dejar que mis reflexiones maduren en la bodega cinéfila.

¡Salud!






domingo, 22 de mayo de 2016

Anotaciones post-universitarias: recordando influencias artísticas



Highway 61 Revisited: por la autopista de vuelta a la universidad



Sentada en el sofá disfruto de la suave brisa que entra por la ventana. Es tan relajante que incita a no pensar durante un rato. Fuera no parece haber mucha actividad, tan sólo el leve movimiento de las hojas. Hace una tarde apacible de mayo. Pero al decir esto siento extrañeza… Mayo nunca ha sido un mes apacible. No al menos en mi época universitaria.

Incómodo e inquieto se resistía siempre a darme un momento de sosiego; se alteraba cuanto más se aproximaba junio y me alteraba a mí, recordándome el sinfín de trabajos y exámenes que tenía que superar. Era cruel conmigo. Pero gracias a mi astucia conseguía burlar su recuerdo: flirteando con la música y el cine lograba evadirme. Así es como hallaba pequeños tesoros como el que todavía me acompaña: Highway 61 Revisited.  

Interpretaciones Culturales, Highway 61 Revisited

Suena la melodía de «Just Like Tom Thumb’s Blues» en el transcurso de la tarde e irremediablemente viajo años atrás, cuando me encontraba inmersa en la efervescencia de aquellos mayos. Los paseos del metro a la facultad entre la nube de estudiantes excitados por el fin de curso. Y por el sol. O las reuniones vespertinas para «repasar» la materia que no había aprendido en clase. Por aquella etapa pasaba yo de puntillas: tocaba el suelo, pero no lo suficiente como para dejarme llevar por la corriente.

Vivía en la transitoriedad del momento, no como partícipe del frenesí estudiantil sino como intérprete del contexto en el que me movía. Lo sentía al tomar distancia y evadirme por medio del arte. Así es como algunas etapas trascendentales han pasado a ser recordadas: no como un conjunto de acciones relevantes sino por asociación a obras artísticas.

Interpretaciones Culturales Midnight in Paris


Podría decir que los años universitarios sirvieron de entrenamiento ­―y de escaparate a la vez― para aprender a interpretar con perspectiva. A distanciarme del contexto en el que vivo para poder sentirme parte de él. Quizá sea esta una noción fantasmal del presente, la de buscar un referente artístico que me ancle a la realidad, pero la verdad es que me ha
servido para agudizar la perspicacia y tener una mayor comprensión del mundo. O, mejor dicho, para darle sentido a mi mundo.

Estoy en mayo y echo de menos aquellas tardes inquietas de mayo... Comiendo a divagar,mejor me retiro a disfrutar de «Desolation Row». Creo que he escrito suficiente por hoy.  


  

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Como el hermano listo del rey Midas...


El miedo de perderlo todo en El año más violento              

 por Lluvia de Segovia



  
Interpretaciones Culturales, El año más violento
El paisaje invernal envuelve la historia que se narra en la película de J.C. Chandor: la nieve en los campos, las carreteras heladas, el frío que hace que los protagonistas se tengan que arropar con largos abrigos… Todo ello conforma una gélida atmósfera que nos hace sentir la hostilidad con la que han de lidiar los personajes. Así, la película transmite la sensación de inseguridad que uno tiene cuando cae preso de circunstancias adversas. El protagonista, encarnado por Oscar Isaac, se ve obligado a luchar con todas sus fuerzas para evitar que su negocio se venga abajo, manifestando así su debilidad. Esa vulnerabilidad se hace visible cuando la luz dorada de la mañana ilumina el pálido rostro del hombre de negocios, el de su esposa y también el de los trabajadores, mostrando lo indefensos que son cuando avanzan, a pie o conduciendo, en un mundo en el que en cualquier momento pueden recibir un golpe fatal, trayendo consigo heridas físicas y pérdidas materiales. Además, saldrán a la luz heridas morales, debidas a la dificultad de mantenerse al margen de la corrupción, de ser íntegro y justo.


Interpretaciones Culturales, El año más violento
La casa a la que se mudan el protagonista y su esposa parece estar en medio de la nada, y la sobriedad de su arquitectura y de la decoración hace que parezca un hogar vacío, sin vida.
A lo largo de la película, se exploran algunos recursos que ayudan a definir a los personajes, como el uso frecuente de primeros planos que hace que nos fijemos en la experiencia del protagonista, en su búsqueda de una salida del problema en que se halla. Al igual que le sucedía al protagonista de Inside Llewyn Davis, hay una serie de idas y venidas, un viaje para huir del fracaso que le pisa los talones. Buscando ayuda de distintas personas, intentando mantenerse fiel a su código moral, el protagonista no entiende las preguntas que le hacen: «¿Para qué haces todo esto?, ¿por qué quieres todo esto?». Estas cuestiones quedan en el aire, y la tensión que progresa lentamente otorga la oportunidad de reflexionar sobre ello. Él sólo tiene ojos para el lugar del que desea apropiarse, un almacén con depósitos en el muelle del río, clave para hacer que su negocio prospere. Desde ahí hay unas vistas impresionantes de la ciudad dorada de los sueños y del éxito, Nueva York.


Interpretaciones Culturales, Óscar Isaac
En los ojos serios del protagonista vemos cómo se tambalea la confianza de que pueda alcanzar todo lo que quiera, y aún más, hacerlo sin ensuciarse las manos. Sentado en su coche, se siente impotente al escuchar las noticias de los ataques a los camiones de su empresa. No puede ofrecer ninguna seguridad a la víctima de los ataques, y por eso, cuando escucha su confesión de vulnerabilidad, no puede más que decirle que está bien que se sienta así porque todos somos vulnerables. La música hace que la historia del protagonista adquiera dimensiones trágicas, y el espectador levanta la mirada junto con la cámara cuando va de un primer plano a una perspectiva desde un punto más alto, ofreciendo una visión de toda la carretera, más personas, vehículos, y de la ciudad a lo lejos…


A lo largo de la película, los colores claros de la fotografía crean una placentera sensación de paz y de suavidad, en contraste con la oscura realidad de la brutalidad de la que hacen uso los hombres. Pero aunque el color blanco hace pensar en la inocencia y la nieve es un manto que parece renovarlo todo, cuando finalmente es manchada por los oscuros líquidos de la sangre y del petróleo, no hay manera de cubrir la huella del precio que ha costado el éxito. La sombra de lo perdido oscurece la ganancia. 








domingo, 1 de noviembre de 2015

Inventemos una despedida..., finjamos que la tuvimos

reflexión, interpretaciones culturales«Y llega el domingo. Con la mente adormecida después de una larga noche, no consigo enderezar mi cuerpo; ni levantar las piernas, entumecidas bajo las sábanas. El despertar es raro, como un estado intermedio entre dos sueños. Mis ojos parpadean lentamente, observando la habitación. Casi a punto de cerrarse, los abro de nuevo. Y ahí está la mancha, sobre mi cabeza.  Ya ni me acordaba de ella. Qué extraña sensación volver a verla después de tanto tiempo. Y qué profunda desazón al notar el vacío en el silencio.

Parece que fuera a llover, sopla con fuerza el viento. Pero no llueve. Tan sólo amenaza el gris  del cielo. Así me siento al despertar, como una nube de recuerdos que no descarga. He acumulado tantos en estos años que no he podido darles salida. Pero, ¿cómo hacerlo si aún formabas parte de mi presente? Ahora me doy cuenta. No puedo rescatar ninguno sin que estalle la tormenta. 

Ojalá retornara mi yo infantil, ojalá renaciera aquel anhelo. Pero el rastro más cercano que tengo pasa por tu recuerdo. Entonces lo cotidiano se hacía ligero; fresco como una llovizna de verano que sorprende lejos de casa… y que al regresar vivifica la sensación de refugio. Con mis miedos ocultos bajo la manta y tus manías a los pies de la cama, cubríamos la mañana de pequeñas reflexiones. Lejos quedaba lo trivial bajo la luz de la persiana a medio subir.

Ahora recae sobre mí, no tan embellecido. Más próximo a atraparme, no consigo ir más allá de este momento. No consigo deshacerme de esta sensación de domingo».


Interpretaciones Culturales, Eternal Sunshine of the Spotless Mind



«¿A qué sabe este día?»,  me preguntaba un domingo al dar rienda suelta a mis pensamientos. Encontré varias acepciones en mi diccionario interpretativo, de entre las cuales había una en particular que resultó curiosa: sabe a «despedida». La semana echa el cierre y llega la última parada. Toda la vitalidad y energía de los días anteriores decae en una pereza y desazón que adormece el cuerpo y atonta la mente. La voluntad duerme la siesta, pero no la sensación de rutina. Es entonces cuando se echa en falta algo, no se sabe muy bien qué, pero algo que ayude a superar esa inquietud; tal vez una pequeña distracción, un detalle que marque la diferencia entre estar bien y sentirse bien. Surge de repente el deseo de encontrar un pequeño placer que le ponga a uno en sintonía consigo mismo. O dicho de otro modo, algo a lo que nos podamos sentir vinculados. Y la compañía de una película, de un libro o de la persona querida, se agradece.

En circunstancias similares me encontraba un domingo al reflexionar sobre la película que había visto la noche anterior. Tenía la sensación de que no había entendido nada, de que era tan rara que aunque la volviese a ver otras veces no la comprendería. Eso sí, los personajes me parecieron muy entrañables.




Interpretaciones Culturales, Eternal Sunshine of the Spotless Mind
Muchos domingos después y en plena relación, volví a ver Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Esta vez, lo hice acompañada. El ambiente cálido y relajado en el que me encontraba me preparó para a sentir la frescura de una nueva interpretación. No se mostraba ya como una amalgama de escenas y situaciones que me costaba un mundo seguir. En esta ocasión, con la sensibilidad agudizada, atisbé la incipiente desconexión entre dos personajes cuya fragilidad escondían bajo una fina capa de hielo. Corría el riesgo de que esta se rompiera en cualquier momento pero ambos, dejándose llevar por el calor del momento, se adentraban cada vez más en el laberinto emocional del otro. Caminaban a tientas entre paredes inestables, movidos por una vaga curiosidad que incitaba a un encuentro tan fugaz como el destello que alumbraba los pasillos por los que discurrían vacilantes. «Y todo esto, ¿para qué?» me preguntaba afligida, mientras veía cómo se empujaban mutuamente al estanque del olvido. Guiados por un tímido entusiasmo, habían creado juntos un microcosmos, fruto de la complicidad y espontaneidad de un vínculo que se hacía cada vez más estrecho. Tan estrecho que ante la falta de movimiento para mantenerlo con vida, corría peligro de colapsar. Y fue así como, ante la inactividad y la monotonía, la relación fue perdiendo el pulso, hasta morir de hipotermia en manos de la aciaga rutina.  



Interpretaciones Culturales, Eternal Sunshine of the Spotless Mind


Después de contemplar este proceso destructivo durante dos veces (encuentro – ilusión – convivencia – monotonía – desgaste – cansancio), experimenté un abanico de sensaciones. Lo que hasta entonces había entendido por «rutina» adquirió un nuevo sentido. Miré a mí alrededor y comprendí lo que acababa de ver en la película: una versión de la rutina de la que ya formaba parte.



Me invadió la tristeza; aquella dosis de realismo me había conmovido. Y me dejé vencer por la inquietud. No me asustaba que algún día terminara la relación, lo que me apenaba profundamente es que se perdieran los detalles y características que la singularizaban: la peculiaridad de esas pequeñas cosas que sazonan el día a día.  

Guardo algunas en la memoria que hoy recuerdo con nostalgia. Aún conservan el esplendor de lo efímero, de aquello que hace olvidar (aunque sólo sea por un momento) la sensación de domingo.





Como apunte final, me gustaría compartir una canción que me hace recordar la película. Por la letra y la melodía encaja fielmente con lo que muestra: melancolía, nostalgia, recuerdo... 








sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuando en el camino se cruza algún pero...

Interpretaciones Culturales, Woody Alllen, Manhattan


Nació el pasado otoño en Barcelona. Se gestó tras un paseo nocturno, la noche en que redescubrí el cine de Woody Allen. Tan sólo hizo falta volver a escuchar las melodías de Gershwin asociadas a la fotografía de Manhattan para que despertase en mí la sensación de una nostalgia imperecedera. No moriría aquella sensación, pero sí lo haría aquella etapa en la que el rencuentro con el cine y la literatura prometía un futuro esperanzador. Poco a poco esa esperanza se fue perdiendo, hasta quedar reducida al deseo de no dejarla marchar. Pero atrás quedaron esos días, de los que guardo en la retina imágenes memorables. Hoy los recuerdo en estos versos, de nuevo en otoño. Y en ocasiones me pregunto si días así volverán a ser para mí… 


Llegué tarde
Sin querer,
Sin remedio.
Caminé sin cesar
Largas calles,
Lo conocido se hizo inhóspito
Y la voluntad, recuerdo.

Sin pensar
Di con mis pies
Frente a esa puerta.
Tras el cristal
La sala vacía
Aguardaba la venida…

Pero mi visita
No estaba prevista,
No esta vez…

Y ahora
Vuelvo tarde
En silencio.

Deambulo bajo el frescor
De húmedas ramas,
Frío y distante me alienta
A cruzar la calle

De altos edificios
Oigo tristes melodías
Tal vez se apaguen
Al rozar el suelo

Oscuro se hace ya
Para esta luz azulada,
La ciudad dormita…

No llego a casa,
No esta noche… .






viernes, 4 de septiembre de 2015

Si no es nuevo y nunca envejece, entonces hablamos de Llewyn Davis

Interpretaciones Culturales, Llewyn Davis


Leyendo una breve composición que escribí hace días, me preguntaba qué es lo que hace que uno reflexione sobre su vida. Si son las circunstancias, el entorno, el peso de las relaciones, o aquello que deseamos que pase pero simplemente no llega.

Echando la vista atrás, comencé a hacer memoria de lo vivido; de las primeras impresiones que saltaron a mi mente, fueron el fracaso y la decepción lo que con más intensidad recordé  Ambas me han proporcionado, interpreto, el bagaje existencial necesario para observar el mundo con cierta perspicacia. En aquella ocasión, antes de escribir el poema, experimenté una sensación curiosa. Como si fuera un personaje en tercera persona, vi pasar mi trayectoria vital como una película de escenas interminables. De repente, me sentí el resultado de una obra inacabada.

Unos versos más tarde, reflexionaba sobre la vida del artista: pensaba en cómo afrontará los días, cómo vivirá en la rueda cíclica del tiempo, cuál serán sus expectativas como creador, etc. Inmersa en la contemplación de estas cuestiones, surgió de la memoria la imagen de un personaje dotado de una singularidad y peculiaridad genuinas. Se  trata de Llewyn Davis, obra y gracia de los hermanos Coen.

Como espectadora con un mínimo de sensibilidad, diría que es su naturaleza errante y caótica lo que me atrae al instante. Sin rumbo y en compañía de su guitarra, intenta abrirse camino como artista; pero no al ritmo que marca el oportunismo del que gozan algunos de sus compañeros, sino al son de tristes melodías y a la sombra de un fracaso que parece alargarse irremediablemente.  




Más allá de esta primera impresión, quisiera desarrollar una interpretación más profunda. Por eso planteo lo siguiente: ¿qué es lo que define a Llewyn Davis como artista? Podría decirse que el deseo de mostrarse fiel a sí mismo es el motor  del personaje. Se desarrolla en un entorno en el que se busca el respaldo de un proyecto musical, por lo que el riesgo de caer en la mediocridad es considerable. Llewyn intenta establecerse, pero sin sacrificar su estilo en aras de la auto conservación porque su fin como artista se aleja del entretenimiento. Se aproxima, más bien, a la concepción del artista como intérprete de la vida: se nutre del dolor vital para hacer de la experiencia una obra de arte. Esta manera de sentir su profesión muestra el riesgo en particular que corre, pues opta por vivir en la incertidumbre de un devenir que probablemente le relegue a la soledad de los cafés.



Interpretaciones Culturales, Llewyn Davis


Este deseo ciego de seguir el camino escogido me hace pensar que Llewyn no es un artista caduco. Por obstinación y voluntad, diría que trasciende cualquier limitación temporal. Es decir, el objetivo no pasa por subirse al tren de la moda, sencillamente porque no hay objetivo. Ante esto, su autenticidad como artista reside en la ausencia de una meta final. Sin una proyección futura del éxito, Llewyn muestra su reto personal al hacer del momento su mayor logro.



Y es en este último punto en el que me gustaría hacer referencia a los versos que compuse.  Este fue mi pequeño logro…




Tan inciertos como
El canto del ave que
Intermitente, acude a mí

Así transcurren mis días
Con la ventana abierta
A la llamada del devenir…




sábado, 29 de agosto de 2015

Anoche tuve un sueño, caminaba por campos ubérrimos...

Interpretaciones Culturales, Campos Ubérrimos




Os doy la bienvenida en esta primera entrada. Poco a poco voy haciendo camino en el mundo de las redes sociales, así como en blogger. Con esta entrada, es la primera vez que me animo a compartir impresiones y opiniones más allá del íntimo círculo de amigos y conocidos. Lejos queda mi intención de limitarse a emitir juicios de valor sobre obras artísticas; más bien me incita a reflexionar sobre el arte y sobre cómo vive la realidad el artista. 

Puesto en claro mi deseo, doy un paso más y planto la semilla de un proyecto común a aquellos que interpreten la vida como una obra de arte. Aquellos ávidos de voluntad y entusiasmo, os animo a compartir pequeñas creaciones e interpretaciones que doten de sentido el día a día.

Me he propuesto subir entradas regularmente, aunque sin fechas ni períodos caducos; en principio quiero reflexionar sobre la individualidad en personajes cinematográficos, sobre cómo se forjan a través de una crisis. Para ello, seleccionaré algunos ejemplos que por su singularidad y peculiaridad han ejercido una fuerte influencia en mí.  

También me propongo publicar composiciones propias inspiradas o relacionadas con las obras de las que hable en entradas anteriores. 


¡Os animo a colaborar!