Mostrando entradas con la etiqueta expresión artística. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta expresión artística. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de agosto de 2016

Creaciones universitarias: composiciones a medio camino


Interpretando la realidad literaria



Campos Ubérrimos, creaciones universitarias, interpretaciones culturales



Haciendo referencia a la entrada anterior, he rescatado de la memoria una pequeña composición literaria que tuvo sus orígenes en This Side of Paradise. Después de vivir el primer verano universitario –y tras unas cuantas lecturas inspiracionales– sentía que comenzaba a despertar en mí una inquietud por escribir, por interpretar la realidad y contexto en que me movía y, por decirlo de alguna manera, imprimir mi sello en aquellos días. Fruto de esa efervescencia literaria en la que estaba inmersa, nació el poema que adjunto más abajo. A día de hoy no tiene título, por aquel entonces no quise dárselo. No era mi intención enjaular aquellos versos, precisamente por la espontaneidad con que se manifestaron…


Paredes blanquitas, paredes bonitas... 
Y entre tanto enclaustro 
la boca que grita
¡repetid conmigo: eins, zwei, drei...!

Por la ventana
se contempla la escena:
Hojas al viento,
Aves que vuelan...

...¡eins, zwei, drei...!

Sin rumbo, sin destino
Golpean los cristales
Rompen el silencio
Agudizan el ingenio...


Bajo el farol ceniciento 
            Habita su morada
           Allá donde las aves nunca mueren…


Maraña de pensamientos,
De mentes agitadas,
De futuros inciertos...


            Quiero emigrar, quiero volar lejos...


¡callaos! ¡repetid de nuevo: eins, zwei, drei...!


Y entre tanta confusión y hastío
de morfemas, lexemas 
y fonemas

Se encuentra el ojo distante 
La mente que precisa
La conciencia que dicta 
La mano que escribe este poema.




miércoles, 20 de julio de 2016

Interpretaciones culturales: explorando las artes gráficas

Infografía: la armonía de la ilustración como fuente de expresión artística



Interpretaciones Culturales, infografía


En los últimos meses se ha ido despertando en mí un interés por lo visual, por las artes gráficas, aquellas que no se sustentan en el texto escrito como recurso imprescindible para su comprensión, sino que confluyen con las palabras en un estilo minimalista y complementario. Es en la fusión de ambos recursos donde percibo la armonía de la ilustración como fuente de expresión artística.


Se trata de una concepción estética distinta, menos interpretativa y más cercana. Más digital, en suma. Para ello, se hace uso de vectores gráficos, que resultan visualmente llamativos, en combinación con tipografías y colores complementarios que conformen un diseño fresco y atractivo. Estos pequeños ejercicios estéticos se conocen por el nombre de infografía: una representación ilustrativa acompañada de breves descripciones.


Me parece un recurso útil y práctico para mostrar información de un modo breve y ameno. Pero, ya que la mayoría lo emplea con fines didácticos… ¿Por qué no hacerlo desde un punto de vista artístico?


Recientemente he estado curioseando y trasteando con programas de diseño gráfico como Adobe Illustrator, Adobe Photoshop y Adobe InDesign. Siguiendo el rastro de mi curiosidad creativa descubrí Freepik, un portal online de recursos gráficos para amantes del diseño, en distintos formatos (PSD, vectores, fotos e iconos) y de forma gratuita. Ofrece multitud de alternativas y contenido de calidad, de la mano de diseñadores profesionales.


Al tratarse de un campo poco explorado aún, me tomo la libertad de jugar con estas herramientas y llevarlas a mi terreno: al de la cultura, la cinefilia y la escritura. Lo tomo como una nueva forma de compartir influencias culturales, de recordar pequeños placeres que contribuyen ―y han contribuido―  a interpretar la vida desde otras perspectivas. También para darle un toque de color a la rutina y agudizar el ingenio.


Para esta primera infografía he seleccionado obras y momentos influyentes en época estival ―o que asocio al verano― por la impresión que causaron en mí en dicha estación:


This Side of Paradise (1920), F. Scott Fitzgerald

Sunday Morning (1967), The Velvet Underground & Nico

Sideways (2004), Alexander Payne 

lunes, 30 de mayo de 2016

Creaciones post-universitarias: recordando influencias artísticas

Born to Run: A la carrera de la inspiración perdida...


Corría una tarde de mayo de 2015 cuando echada en la habitación sin más ocupación que escuchar Born To Run y recordar con nostalgia vivencias de meses anteriores surgió espontáneamente el primer verso. Caía la tarde y me encontraba a las puertas de la noche. En ese tránsito cayó del cielo «Jungleland», alterando cualquier estado de relajación y calma interior. Melodía y letra irrumpieron en el lado derecho de mi cerebro, despertando sensaciones adormecidas y potenciando la imaginación… Allá a mitad de canción llegó la inspiración con el maravilloso solo de Clemons. El resto queda reflejado más abajo…


A las puertas de la larga noche
Siente el pulso de la ciudad 
Languidece en la lejanía de su sofá
Donde recostada,
Medita sobre cómo escribir poesía

Al frente la ventana hace de marco
Desde el que poetizar la calle
Se asoma tímidamente
Al frescor de la brisa salobre
Sube por la cuesta hasta su cara
Pero ni siquiera su caricia 
Romantiza el intento
De componer algo aceptable

Levanta la cabeza ante un sonido,
Una melodía lejana 
Procedente de algún tejado, 
El paseante que baja la cuesta 
Se une a la búsqueda 
En la quietud de la noche estival

Qué belleza… ¿qué es lo que suena?
Saxofón, piano, batería... ¿violín?
Treparía como un gato para saber
De dónde viene…
De tejado en tejado buscaría
Una imagen digna de ser cantada 
Tal vez la de dos amantes bailando
En alguna azotea
Cuando su mirada aún es inocente
E ignora el nuevo día,
O la de un poeta fumando
Que contempla a través del humo 
La vida que pasa
A la espera de que algo suceda 
Para imprimirlo en tinta y papel,
Al murmullo del café que cierra
Acudiría, tras el tintineo de tazas y platos
Y el olor a vino picado
De algún patio trasero                      
Desde el que saltaría
Para sentir la humedad del suelo
Y seguir mi marcha nocturna
Dejando tras de mí callejas oscuras 
Y transeúntes somnolientos, 
Cuando el cansancio apremiase
De nuevo me elevaría
Al cielo de los tejados
En algún rincón tranquilo
Descansaría, a la luz de las buhardillas
Y el eco de sirenas lejanas…

Todo ello moriría conmigo
Al calor de esa melodía
Y cuando se apagase
Volvería de puntillas
A mi habitación… 

Ahora la calle queda desierta
Tras la sombra del paseante
En silencio, vuelve dentro
Se gira y mira el cielo con ternura,
Y espera, espera hacer de ese momento
Algo honesto. 







domingo, 22 de mayo de 2016

Anotaciones post-universitarias: recordando influencias artísticas



Highway 61 Revisited: por la autopista de vuelta a la universidad



Sentada en el sofá disfruto de la suave brisa que entra por la ventana. Es tan relajante que incita a no pensar durante un rato. Fuera no parece haber mucha actividad, tan sólo el leve movimiento de las hojas. Hace una tarde apacible de mayo. Pero al decir esto siento extrañeza… Mayo nunca ha sido un mes apacible. No al menos en mi época universitaria.

Incómodo e inquieto se resistía siempre a darme un momento de sosiego; se alteraba cuanto más se aproximaba junio y me alteraba a mí, recordándome el sinfín de trabajos y exámenes que tenía que superar. Era cruel conmigo. Pero gracias a mi astucia conseguía burlar su recuerdo: flirteando con la música y el cine lograba evadirme. Así es como hallaba pequeños tesoros como el que todavía me acompaña: Highway 61 Revisited.  

Interpretaciones Culturales, Highway 61 Revisited

Suena la melodía de «Just Like Tom Thumb’s Blues» en el transcurso de la tarde e irremediablemente viajo años atrás, cuando me encontraba inmersa en la efervescencia de aquellos mayos. Los paseos del metro a la facultad entre la nube de estudiantes excitados por el fin de curso. Y por el sol. O las reuniones vespertinas para «repasar» la materia que no había aprendido en clase. Por aquella etapa pasaba yo de puntillas: tocaba el suelo, pero no lo suficiente como para dejarme llevar por la corriente.

Vivía en la transitoriedad del momento, no como partícipe del frenesí estudiantil sino como intérprete del contexto en el que me movía. Lo sentía al tomar distancia y evadirme por medio del arte. Así es como algunas etapas trascendentales han pasado a ser recordadas: no como un conjunto de acciones relevantes sino por asociación a obras artísticas.

Interpretaciones Culturales Midnight in Paris


Podría decir que los años universitarios sirvieron de entrenamiento ­―y de escaparate a la vez― para aprender a interpretar con perspectiva. A distanciarme del contexto en el que vivo para poder sentirme parte de él. Quizá sea esta una noción fantasmal del presente, la de buscar un referente artístico que me ancle a la realidad, pero la verdad es que me ha
servido para agudizar la perspicacia y tener una mayor comprensión del mundo. O, mejor dicho, para darle sentido a mi mundo.

Estoy en mayo y echo de menos aquellas tardes inquietas de mayo... Comiendo a divagar,mejor me retiro a disfrutar de «Desolation Row». Creo que he escrito suficiente por hoy.  


  

martes, 15 de marzo de 2016

Despertar


Interpretaciones Culturales, To The Wonder



El tiempo vuela y Mike se ha hecho a mí. Le gusta mi sonrisa. En el camino al acantilado deambulamos en silencio. Y Mike me abraza. Siempre lo hace, me abraza en el medio del camino. ¿A dónde vamos hoy?, no sé, responde. Es fácil estar con Mike. Es buen guía cuando nos perdemos, a pesar de estar en lugares desconocidos. Las agujas que sobresalen a lo lejos son buenas guías, allí donde residen las gárgolas…, me dijo en una ocasión. Entonces subimos por unas escaleras… estrechas y humedecidas por la lluvia. Y en cada escalón que ascendía resonaba en mí el eco de sus pasos. ¿Me he hecho yo a Mike?  Me gustas tanto, me dices a veces. Y me abrazas. ¿Para cuándo daremos el gran paso? No lo sabes. Ni yo tampoco. A veces siento que nuestros pasos son de cristal, frágiles y en ocasiones chirriantes al rozar el suelo. Pasos pequeños e ingenuos. El cristal tiene doble cara, le dije una vez. Si miras a través de él es nítido y claro pero al tocarlo es frágil si se trata mal.  Y difuso si está empañado. En las frías noches de invierno te veía así. Difuso tras los cristales empañados que me alejaban cada vez más de ti… Pero Mike no suele durar mucho en las despedidas. Ni yo tampoco. Nos distanciamos tan pronto como nos acercamos. Y después volvemos a empezar. De vuelta a casa siento que echo en falta algo. Y al percibir la luz matutina siento que he perdido parte de mí. Parte de mi yo alegre en su compañía [...]




                                                                                                         
                                               «Linda sonrisa, tristes ojos»





domingo, 14 de febrero de 2016

Caminante, no hay camino, se hace pensamiento al andar...



¿Camina el que piensa
 o piensa 
el que camina?


Cuando camino en la naturaleza, me acompaña una sensación de asombro. Donde quiera que mire, percibo la quietud de lo que permanece: los árboles, la hierba, los arbustos, las flores…, todo lo que está expuesto al desgaste del tiempo y que, sin embargo, se regenera con el paso de este. Sigue su ciclo perpetuo de vida y muerte; mientras tanto, espera… Espera la venida del caminante: del que alza la cabeza y busca lo infinito entre el ramaje; del que mira al suelo y reflexivo, contempla los pasos dados hasta el momento; del que curioso, observa con extrañeza alrededor, como si la imagen de lo que está viendo perteneciese a un recuerdo remoto. De aquel que anhelante busca la unión con lo que es y siempre ha sido a pesar del olvido… Siguiendo este hilo de pensamiento detengo el paso y me giro; me pregunto: «¿Hacia dónde camina el que piensa?, ¿no lo hace acaso de vuelta a su yo olvidado?».


Noviembre me hace pensar en estas cosas. No solo la caída de la hoja, el frío y la lluvia me sitúan en otoño. También mi pensar se vuelve otoñal: más introspectivo, más profundo, más nostálgico… Más maduro. Me preparo para despedir el año entre recuerdos y deseos perdidos. Algunos vuelven inquietos y danzarines, mas los dejo ir con la brisa cálida y suave del mediodía. El sol baña mi rostro, fecunda pensamientos nacientes como los últimos frutos estivales. Un sol de soles en el ocaso de su fulgor…

 En mis manos está recordarlo, avivar el resplandor de su brevedad. Muere la tarde y muere algo en mí, tan solo queda una luz en el horizonte. Camino hacia ella en el crepúsculo, camino sin dejar huella  […]





lunes, 30 de noviembre de 2015

Reflexiones al crepúsculo



Noviembre



Es tiempo de recogida y reflexión
Me digo al escuchar que golpea la puerta
El viento fresco de la montaña.
Tal vez viene para alentarme
A recoger los fragmentos
Que coseché hace tiempo.

Madruga mi voluntad
Para salir al paso de
Árboles desnudos, frías ramas y
Hojas secas que
Yacen inertes en el suelo pero que
En íntima comunión estrecha
Guardan aún restos vitales.

Se alejan ya, lentamente
En tácito retiro
Bajo mis pies.

En silencio contemplo
El húmedo ramaje
Que cubre el cielo
Florido tiempo atrás,
Ahora yermo

Es entonces cuando la soledad
Sale a mi encuentro
Y con frías manos
Abraza mi cuerpo

Camina conmigo y
Meditamos, me trae recuerdos
Pretéritos, me incita a inhalar
El aire mortecino y recio que
Golpea con fuerza
Mi pensamiento.
Susurra viejos motivos
Que ahora quedan
Hundidos en la húmeda tierra
De un pensar ruinoso.
Su gélido hálito me eleva
A abrirme camino entre
Pequeños ramos que quiebran
A los que prendería
De tener fuego en los dedos
Aunque es posible
Que en mí guarde
Vestigios de la última hoguera
Negros y agonizantes
Como leña que desprende
Sus últimas chispas.

Mueren ya, los dejo ir
En forma de versos
A la luz de un resplandor
Que desfallece…

Pero en el albor diurno
Despereza la voluntad
Tras una larga noche
De sueños estivales,
Emite el último bostezo   
Como una llamada lejana…















miércoles, 4 de noviembre de 2015

Como el hermano listo del rey Midas...


El miedo de perderlo todo en El año más violento              

 por Lluvia de Segovia



  
Interpretaciones Culturales, El año más violento
El paisaje invernal envuelve la historia que se narra en la película de J.C. Chandor: la nieve en los campos, las carreteras heladas, el frío que hace que los protagonistas se tengan que arropar con largos abrigos… Todo ello conforma una gélida atmósfera que nos hace sentir la hostilidad con la que han de lidiar los personajes. Así, la película transmite la sensación de inseguridad que uno tiene cuando cae preso de circunstancias adversas. El protagonista, encarnado por Oscar Isaac, se ve obligado a luchar con todas sus fuerzas para evitar que su negocio se venga abajo, manifestando así su debilidad. Esa vulnerabilidad se hace visible cuando la luz dorada de la mañana ilumina el pálido rostro del hombre de negocios, el de su esposa y también el de los trabajadores, mostrando lo indefensos que son cuando avanzan, a pie o conduciendo, en un mundo en el que en cualquier momento pueden recibir un golpe fatal, trayendo consigo heridas físicas y pérdidas materiales. Además, saldrán a la luz heridas morales, debidas a la dificultad de mantenerse al margen de la corrupción, de ser íntegro y justo.


Interpretaciones Culturales, El año más violento
La casa a la que se mudan el protagonista y su esposa parece estar en medio de la nada, y la sobriedad de su arquitectura y de la decoración hace que parezca un hogar vacío, sin vida.
A lo largo de la película, se exploran algunos recursos que ayudan a definir a los personajes, como el uso frecuente de primeros planos que hace que nos fijemos en la experiencia del protagonista, en su búsqueda de una salida del problema en que se halla. Al igual que le sucedía al protagonista de Inside Llewyn Davis, hay una serie de idas y venidas, un viaje para huir del fracaso que le pisa los talones. Buscando ayuda de distintas personas, intentando mantenerse fiel a su código moral, el protagonista no entiende las preguntas que le hacen: «¿Para qué haces todo esto?, ¿por qué quieres todo esto?». Estas cuestiones quedan en el aire, y la tensión que progresa lentamente otorga la oportunidad de reflexionar sobre ello. Él sólo tiene ojos para el lugar del que desea apropiarse, un almacén con depósitos en el muelle del río, clave para hacer que su negocio prospere. Desde ahí hay unas vistas impresionantes de la ciudad dorada de los sueños y del éxito, Nueva York.


Interpretaciones Culturales, Óscar Isaac
En los ojos serios del protagonista vemos cómo se tambalea la confianza de que pueda alcanzar todo lo que quiera, y aún más, hacerlo sin ensuciarse las manos. Sentado en su coche, se siente impotente al escuchar las noticias de los ataques a los camiones de su empresa. No puede ofrecer ninguna seguridad a la víctima de los ataques, y por eso, cuando escucha su confesión de vulnerabilidad, no puede más que decirle que está bien que se sienta así porque todos somos vulnerables. La música hace que la historia del protagonista adquiera dimensiones trágicas, y el espectador levanta la mirada junto con la cámara cuando va de un primer plano a una perspectiva desde un punto más alto, ofreciendo una visión de toda la carretera, más personas, vehículos, y de la ciudad a lo lejos…


A lo largo de la película, los colores claros de la fotografía crean una placentera sensación de paz y de suavidad, en contraste con la oscura realidad de la brutalidad de la que hacen uso los hombres. Pero aunque el color blanco hace pensar en la inocencia y la nieve es un manto que parece renovarlo todo, cuando finalmente es manchada por los oscuros líquidos de la sangre y del petróleo, no hay manera de cubrir la huella del precio que ha costado el éxito. La sombra de lo perdido oscurece la ganancia. 








domingo, 1 de noviembre de 2015

Inventemos una despedida..., finjamos que la tuvimos

reflexión, interpretaciones culturales«Y llega el domingo. Con la mente adormecida después de una larga noche, no consigo enderezar mi cuerpo; ni levantar las piernas, entumecidas bajo las sábanas. El despertar es raro, como un estado intermedio entre dos sueños. Mis ojos parpadean lentamente, observando la habitación. Casi a punto de cerrarse, los abro de nuevo. Y ahí está la mancha, sobre mi cabeza.  Ya ni me acordaba de ella. Qué extraña sensación volver a verla después de tanto tiempo. Y qué profunda desazón al notar el vacío en el silencio.

Parece que fuera a llover, sopla con fuerza el viento. Pero no llueve. Tan sólo amenaza el gris  del cielo. Así me siento al despertar, como una nube de recuerdos que no descarga. He acumulado tantos en estos años que no he podido darles salida. Pero, ¿cómo hacerlo si aún formabas parte de mi presente? Ahora me doy cuenta. No puedo rescatar ninguno sin que estalle la tormenta. 

Ojalá retornara mi yo infantil, ojalá renaciera aquel anhelo. Pero el rastro más cercano que tengo pasa por tu recuerdo. Entonces lo cotidiano se hacía ligero; fresco como una llovizna de verano que sorprende lejos de casa… y que al regresar vivifica la sensación de refugio. Con mis miedos ocultos bajo la manta y tus manías a los pies de la cama, cubríamos la mañana de pequeñas reflexiones. Lejos quedaba lo trivial bajo la luz de la persiana a medio subir.

Ahora recae sobre mí, no tan embellecido. Más próximo a atraparme, no consigo ir más allá de este momento. No consigo deshacerme de esta sensación de domingo».


Interpretaciones Culturales, Eternal Sunshine of the Spotless Mind



«¿A qué sabe este día?»,  me preguntaba un domingo al dar rienda suelta a mis pensamientos. Encontré varias acepciones en mi diccionario interpretativo, de entre las cuales había una en particular que resultó curiosa: sabe a «despedida». La semana echa el cierre y llega la última parada. Toda la vitalidad y energía de los días anteriores decae en una pereza y desazón que adormece el cuerpo y atonta la mente. La voluntad duerme la siesta, pero no la sensación de rutina. Es entonces cuando se echa en falta algo, no se sabe muy bien qué, pero algo que ayude a superar esa inquietud; tal vez una pequeña distracción, un detalle que marque la diferencia entre estar bien y sentirse bien. Surge de repente el deseo de encontrar un pequeño placer que le ponga a uno en sintonía consigo mismo. O dicho de otro modo, algo a lo que nos podamos sentir vinculados. Y la compañía de una película, de un libro o de la persona querida, se agradece.

En circunstancias similares me encontraba un domingo al reflexionar sobre la película que había visto la noche anterior. Tenía la sensación de que no había entendido nada, de que era tan rara que aunque la volviese a ver otras veces no la comprendería. Eso sí, los personajes me parecieron muy entrañables.




Interpretaciones Culturales, Eternal Sunshine of the Spotless Mind
Muchos domingos después y en plena relación, volví a ver Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Esta vez, lo hice acompañada. El ambiente cálido y relajado en el que me encontraba me preparó para a sentir la frescura de una nueva interpretación. No se mostraba ya como una amalgama de escenas y situaciones que me costaba un mundo seguir. En esta ocasión, con la sensibilidad agudizada, atisbé la incipiente desconexión entre dos personajes cuya fragilidad escondían bajo una fina capa de hielo. Corría el riesgo de que esta se rompiera en cualquier momento pero ambos, dejándose llevar por el calor del momento, se adentraban cada vez más en el laberinto emocional del otro. Caminaban a tientas entre paredes inestables, movidos por una vaga curiosidad que incitaba a un encuentro tan fugaz como el destello que alumbraba los pasillos por los que discurrían vacilantes. «Y todo esto, ¿para qué?» me preguntaba afligida, mientras veía cómo se empujaban mutuamente al estanque del olvido. Guiados por un tímido entusiasmo, habían creado juntos un microcosmos, fruto de la complicidad y espontaneidad de un vínculo que se hacía cada vez más estrecho. Tan estrecho que ante la falta de movimiento para mantenerlo con vida, corría peligro de colapsar. Y fue así como, ante la inactividad y la monotonía, la relación fue perdiendo el pulso, hasta morir de hipotermia en manos de la aciaga rutina.  



Interpretaciones Culturales, Eternal Sunshine of the Spotless Mind


Después de contemplar este proceso destructivo durante dos veces (encuentro – ilusión – convivencia – monotonía – desgaste – cansancio), experimenté un abanico de sensaciones. Lo que hasta entonces había entendido por «rutina» adquirió un nuevo sentido. Miré a mí alrededor y comprendí lo que acababa de ver en la película: una versión de la rutina de la que ya formaba parte.



Me invadió la tristeza; aquella dosis de realismo me había conmovido. Y me dejé vencer por la inquietud. No me asustaba que algún día terminara la relación, lo que me apenaba profundamente es que se perdieran los detalles y características que la singularizaban: la peculiaridad de esas pequeñas cosas que sazonan el día a día.  

Guardo algunas en la memoria que hoy recuerdo con nostalgia. Aún conservan el esplendor de lo efímero, de aquello que hace olvidar (aunque sólo sea por un momento) la sensación de domingo.





Como apunte final, me gustaría compartir una canción que me hace recordar la película. Por la letra y la melodía encaja fielmente con lo que muestra: melancolía, nostalgia, recuerdo... 








sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuando en el camino se cruza algún pero...

Interpretaciones Culturales, Woody Alllen, Manhattan


Nació el pasado otoño en Barcelona. Se gestó tras un paseo nocturno, la noche en que redescubrí el cine de Woody Allen. Tan sólo hizo falta volver a escuchar las melodías de Gershwin asociadas a la fotografía de Manhattan para que despertase en mí la sensación de una nostalgia imperecedera. No moriría aquella sensación, pero sí lo haría aquella etapa en la que el rencuentro con el cine y la literatura prometía un futuro esperanzador. Poco a poco esa esperanza se fue perdiendo, hasta quedar reducida al deseo de no dejarla marchar. Pero atrás quedaron esos días, de los que guardo en la retina imágenes memorables. Hoy los recuerdo en estos versos, de nuevo en otoño. Y en ocasiones me pregunto si días así volverán a ser para mí… 


Llegué tarde
Sin querer,
Sin remedio.
Caminé sin cesar
Largas calles,
Lo conocido se hizo inhóspito
Y la voluntad, recuerdo.

Sin pensar
Di con mis pies
Frente a esa puerta.
Tras el cristal
La sala vacía
Aguardaba la venida…

Pero mi visita
No estaba prevista,
No esta vez…

Y ahora
Vuelvo tarde
En silencio.

Deambulo bajo el frescor
De húmedas ramas,
Frío y distante me alienta
A cruzar la calle

De altos edificios
Oigo tristes melodías
Tal vez se apaguen
Al rozar el suelo

Oscuro se hace ya
Para esta luz azulada,
La ciudad dormita…

No llego a casa,
No esta noche… .






viernes, 4 de septiembre de 2015

Si no es nuevo y nunca envejece, entonces hablamos de Llewyn Davis

Interpretaciones Culturales, Llewyn Davis


Leyendo una breve composición que escribí hace días, me preguntaba qué es lo que hace que uno reflexione sobre su vida. Si son las circunstancias, el entorno, el peso de las relaciones, o aquello que deseamos que pase pero simplemente no llega.

Echando la vista atrás, comencé a hacer memoria de lo vivido; de las primeras impresiones que saltaron a mi mente, fueron el fracaso y la decepción lo que con más intensidad recordé  Ambas me han proporcionado, interpreto, el bagaje existencial necesario para observar el mundo con cierta perspicacia. En aquella ocasión, antes de escribir el poema, experimenté una sensación curiosa. Como si fuera un personaje en tercera persona, vi pasar mi trayectoria vital como una película de escenas interminables. De repente, me sentí el resultado de una obra inacabada.

Unos versos más tarde, reflexionaba sobre la vida del artista: pensaba en cómo afrontará los días, cómo vivirá en la rueda cíclica del tiempo, cuál serán sus expectativas como creador, etc. Inmersa en la contemplación de estas cuestiones, surgió de la memoria la imagen de un personaje dotado de una singularidad y peculiaridad genuinas. Se  trata de Llewyn Davis, obra y gracia de los hermanos Coen.

Como espectadora con un mínimo de sensibilidad, diría que es su naturaleza errante y caótica lo que me atrae al instante. Sin rumbo y en compañía de su guitarra, intenta abrirse camino como artista; pero no al ritmo que marca el oportunismo del que gozan algunos de sus compañeros, sino al son de tristes melodías y a la sombra de un fracaso que parece alargarse irremediablemente.  




Más allá de esta primera impresión, quisiera desarrollar una interpretación más profunda. Por eso planteo lo siguiente: ¿qué es lo que define a Llewyn Davis como artista? Podría decirse que el deseo de mostrarse fiel a sí mismo es el motor  del personaje. Se desarrolla en un entorno en el que se busca el respaldo de un proyecto musical, por lo que el riesgo de caer en la mediocridad es considerable. Llewyn intenta establecerse, pero sin sacrificar su estilo en aras de la auto conservación porque su fin como artista se aleja del entretenimiento. Se aproxima, más bien, a la concepción del artista como intérprete de la vida: se nutre del dolor vital para hacer de la experiencia una obra de arte. Esta manera de sentir su profesión muestra el riesgo en particular que corre, pues opta por vivir en la incertidumbre de un devenir que probablemente le relegue a la soledad de los cafés.



Interpretaciones Culturales, Llewyn Davis


Este deseo ciego de seguir el camino escogido me hace pensar que Llewyn no es un artista caduco. Por obstinación y voluntad, diría que trasciende cualquier limitación temporal. Es decir, el objetivo no pasa por subirse al tren de la moda, sencillamente porque no hay objetivo. Ante esto, su autenticidad como artista reside en la ausencia de una meta final. Sin una proyección futura del éxito, Llewyn muestra su reto personal al hacer del momento su mayor logro.



Y es en este último punto en el que me gustaría hacer referencia a los versos que compuse.  Este fue mi pequeño logro…




Tan inciertos como
El canto del ave que
Intermitente, acude a mí

Así transcurren mis días
Con la ventana abierta
A la llamada del devenir…